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Jesús no utilizó las técnicas de los predicadores modernos. No prometió mejores circunstancias ni minimizó el costo del discipulado. Ni siquiera habló mucho del cielo. Simplemente dijo: «Sígueme». Fue una invitación a estar con el Hijo de Dios, y esa invitación sigue vigente hoy. En esta serie, veremos cómo transformó a una persona (Pedro) —y al mundo— para siempre.

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